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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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Obama y el plazo para cerrar Guantánamo: Es peor de lo que crees

27 de julio de 2009
Andy Worthington


Cuando el Euipo de Trabajo sobre Política de Detención de la administración Obama, creado por Orden Ejecutiva el segundo día de mandato del Presidente, admitió la semana pasada que no cumpliría el plazo de seis meses para emitir sus recomendaciones sobre el cierre de Guantánamo, muchos observadores se centraron en si esto significaba que Obama no cumpliría su plazo del 21 de enero de 2010 para el cierre de la prisión, y pasaron por alto la historia más importante, que sólo se reveló mediante un examen minucioso del informe provisional de cinco páginas del Equipo de Trabajo (PDF).

Inquietantemente, este documento revelaba que el Grupo de Trabajo contempla tres opciones para tratar a los presos que no serán liberados de Guantánamo: juicios en tribunales federales, juicios por Comisión Militar (los "juicios del terror" introducidos por el ex vicepresidente Dick Cheney en noviembre de 2001, y revividos por el Congreso en 2006 después de que el Corte Suprema los declarara ilegales), y detención indefinida sin cargos ni juicio.

Estas propuestas coinciden con los planes esbozados por el Presidente en un importante discurso sobre seguridad nacional pronunciado en mayo, pero no son más aceptables ahora que entonces, por una sencilla razón: están diseñadas no para garantizar la justicia, sino para evitar que cualquiera de los prisioneros que encajen en estas tres categorías sea puesto en libertad; en otras palabras, como Glenn Greenwald informó para Salon, "Si saben que te condenarán en un proceso judicial real, te darán uno; si creen que pueden perder allí, te pondrán en una comisión militar; si aún no están seguros de que ganarán, simplemente te encarcelarán indefinidamente sin ningún cargo".

Las propuestas presentadas por el Equipo de Trabajo -y claramente respaldadas por Obama- son amargamente decepcionantes, no sólo porque desprecian de forma tan vergonzosa la presunción de inocencia, y porque revelan el deseo de poner aún más patas arriba el sistema judicial respaldando la detención preventiva, sino también porque son cobardes en extremo.

No hay, para ser francos, ninguna necesidad de que la administración reviva las ampliamente denostadas Comisiones (criticadas en el pasado por la mayoría de los principales demócratas, incluido Barack Obama), porque los tribunales federales son más que capaces de procesar a sospechosos de terrorismo, habiéndolo hecho con éxito en más de cien ocasiones en los últimos 15 años. El propio Equipo de Trabajo admitió en su informe provisional que "el código penal dispone de una amplia gama de delitos de terrorismo con alcance extraterritorial y existen procedimientos para proteger la información clasificada en los juicios ante tribunales federales cuando sea necesario", y también señaló que "las normas probatorias en los juicios están bien establecidas, y los fiscales experimentados pueden encontrar a menudo la forma de superar los problemas que esas normas puedan plantear para [la] introducción de pruebas críticas en casos concretos."

Además, como también explicó Glenn Greenwald, "como resultado de la impresionante amplitud de las leyes penales estadounidenses que definen el "apoyo material al terrorismo", hay pocas cosas más fáciles que obtener una condena penal en un tribunal federal contra personas acusadas de ser terroristas".

Además, dado que se han producido procesamientos con éxito en casos en los que no se requieren pruebas de actividad terrorista real, no hay excusa alguna para proponer seguir reteniendo indefinidamente a algunos presos, utilizando una forma de "detención preventiva" para la que habrá que solicitar la aprobación del Congreso. Si, después de siete años y medio, el gobierno ni siquiera puede alcanzar el bajo nivel de pruebas exigido por un tribunal federal, entonces debería dejar de fingir que tiene motivos para creer que estos presos en particular son demasiado peligrosos para ser puestos en libertad, y dejarlos ir.

Para los presos de Guantánamo, es bastante preocupante que todos los implicados en la revisión de sus casos para el gobierno parezcan haber olvidado una serie de hechos cruciales que tienden a socavar la ilusión de que la prisión todavía contiene un número significativo de terroristas: a saber, que la mayoría de los prisioneros no fueron capturados en un campo de batalla, sino que fueron entregados por los aliados afganos y pakistaníes del ejército estadounidense, en una época en la que estaban muy extendidos los pagos de recompensas, de una media de 5.000 dólares por cabeza (PDF); que nunca fueron investigados por los tribunales competentes de los Convenios de Ginebra -celebrados cerca del momento y el lugar de la captura- para determinar si eran realmente combatientes o civiles atrapados en la niebla de la guerra; que, posteriormente, nunca fueron examinados adecuadamente en Guantánamo; donde el proceso instigado por el Pentágono -los Tribunales de Revisión del Estatuto de Combatiente- fue descrito por un antiguo miembro, el teniente coronel Stephen Abraham, como una farsa, en el que la mayor parte del material presentado como prueba era "basura", y todo el proceso fue diseñado para refrendar la decisión de la administración Bush de que todos eran "combatientes enemigos", que podían ser detenidos sin cargos ni juicio; y que la mayoría de las supuestas pruebas contra los hombres, de hecho, se han revelado como profundamente poco fiables cuando fueron examinadas por los jueces del Tribunal de Distrito.

Tras la sentencia del Corte Suprema del verano pasado, que reconocía a los presos el derecho de hábeas corpus, los jueces de los Tribunales de Distrito han dictaminado, en el 84 por ciento de los casos en los que han dictado sentencia, que el gobierno no tenía argumentos o que sus argumentos se basaban en declaraciones de testigos poco fiables, que habían sido torturados, coaccionados o sobornados, o que tenían graves problemas de salud mental. Además, los jueces también han despreciado los intentos de crear un "mosaico" de inteligencia a partir de estas y otras fuentes que no resiste un examen minucioso.

El hecho de que el Equipo de Trabajo parezca no haber comprendido plenamente la magnitud de la incompetencia de la administración Bush en relación con la captura e interrogatorio de los presos de Guantánamo, y los múltiples problemas con las supuestas pruebas en su contra cuenta, en última instancia, como un penoso ejemplo del tipo de paranoia por la que Dick Cheney es más conocido triunfando sobre el tipo de sentido común y dedicación a la búsqueda de la justicia que Barack Obama parecía defender hace tan sólo unos meses.

Además, los atroces errores del Equipo de Trabajo no se limitan sólo al presente y a la cuestión de qué ocurrirá con los presos de Guantánamo. Como se afirma en el informe provisional, "el Equipo de Trabajo sobre Política de Detención ha centrado hasta ahora gran parte de su labor en el desarrollo de opciones para la disposición legal de los detenidos en Guantánamo. Siguen pendientes importantes cuestiones relativas a nuestras políticas en el futuro en relación con la aprehensión, detención y tratamiento de presuntos terroristas, como parte de nuestra estrategia más amplia para derrotar a Al Qaeda y sus afiliados."

Los autores del informe indican a continuación que están inmersos en un análisis en curso de una serie de cuestiones relativas al futuro, incluyendo "cuáles deberían ser las normas y los límites de cualquier detención futura bajo el imperio de la guerra", ignorando, tanto en el presente como en sus deliberaciones sobre el futuro, que la respuesta ha sido, de hecho, obvia todo el tiempo, ha sido obvia todo el tiempo, y que, como se desprende de este horrible y preocupante documento, toda la palabrería sobre sistemas de juicios alternativos y detenciones preventivas no es más que un truco de prestidigitación para disfrazar políticas que, en esencia, se adhieren estrechamente a las arrogantes y anárquicas innovaciones concebidas por altos funcionarios de la administración Bush.

¿Y la respuesta que ha sido obvia todo el tiempo? Es la siguiente: Si tu enemigo es un combatiente, capturado en tiempo de guerra, entonces lo retienes como prisionero de guerra de acuerdo con las Convenciones de Ginebra, que prohíben el trato inhumano y los interrogatorios bajo coacción, hasta el final de las hostilidades. Y si tu enemigo es un terrorista, entonces lo entregas a interrogadores que saben cómo hacer hablar a un hombre sin utilizar la tortura, de acuerdo con las protecciones procésales de la Carta de Derechos, y lo sometes a juicio en un tribunal federal.

Así de sencillo.


 

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