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Detenidos, deshumanizados, olvidados: el ciclo sin fin de Guantánamo

Por Mobashra Tazamal
The Bridge
Publicado el 18 de febrero de 2025.

Veintitrés años han pasado, sin embargo, las primeras semanas del segundo mandato de Donald Trump se sintieron como un regreso al 2002. En enero 29 del 2025, la ex estrella de reality convertido en presidente firmó una orden ejecutiva para expandir las instalaciones de detención en la bahía de Guantánamo, permitiéndoles detener hasta 30,000 migrantes. Trump caracterizó a estos migrantes como “los peores criminales ilegales extranjeros amenazando a los estadounidenses”. Su Departamento de Seguridad Nacional (DHS)) los describió como “lo peor de lo peor” haciendo eco a la retórica del gobierno de Bush y de los políticos de los principios de los 2000s. Mientras los EE.UU. lanzaban la “Guerra contra el terror” en el 2001, los oficiales del gobierno, incluyendo al entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, utilizaron dicha retórica deshumanizante para justificar el encarcelamiento de cientos de jóvenes y hombres musulmanes en la prisión militar — muchos de los cuales fueron detenidos sin cargos ni juicio.

La narrative islamofóbica alrededor de Guantánamo durante los primeros días de la “Guerra contra el terror” encabezada por EE.UU. cumplió un claro propósito: arrancarles a los detenidos las protecciones garantizadas bajo la ley estadounidense e internacional. Al etiquetar a casi 800 jóvenes y hombres musulmanes que fueron detenidos en Guantánamo como “terroristas” y “enemigos ilegales combatientes” (hoy quedan 15), el gobierno estadounidense justificó su detención indefinida y tortura. El uso de frases como “los peores de los peores” se convirtieron en un escudo retórico, permitiéndole al gobierno silenciar objeciones y evitar escrutinio.

Mucho del discurso rodeando a aquellos encarcelados en Guantánamo a principios de los 2000s fue deliberadamente deshumanizante. En una conferencia de prensa en el 2002, el general Richard Myers, el presidente de los jefes en comando del staff dijeron que estos individuos “masticaban cables hidráulicos del jet para derribarlo si no eran amarrados en el traslado”. Al personificar a los detenidos como predadores peligrosos determinados a asesinar americanos, el gobierno justificó la tortura y trato inhumano de prisioneros bajo el pretexto de garantizar la seguridad y salvaguardia de los ciudadanos estadounidenses.

Hoy, el gobierno de Trump está implementando tácticas similares. Además de “los peores de los peores”, el DHS (Departamento de Seguridad Nacional) describió a los migrantes detenidos como “altamente peligrosos”, mientras que el presidente Trump dice que “son tan malos que ni siquiera se los confiamos a sus propios países”. En la tarde del 4 de febrero del 2025, el primer avión con estos llamados migrantes de “gran amenaza” llegó a la base.

Una razón clave acerca de por qué múltiples gobiernos han escogido Guantánamo como un lugar para albergar y detener individuos mientras argumentan que los individuos ahí no están sujetos a las protecciones garantizadas bajo la ley estadounidense. La ubicación tiene un estatus legal incierto y el gobierno ha dicho que los individuos detenidos ahí no tienen derecho a las garantías individuales garantizadas bajo las leyes americanas. Como Hannah Flamm, directora interina de política del Proyecto Internacional de Asistencia a Refugiados (IRAP por sus siglas en inglés), le dijo a  PolitFact, “El gobierno estadounidense intencionalmente usa Guantánamo con la esperanza de evitar la supervisión y el ojo público, lo cual hace que el centro propicio para tortura”. Trump incluso reconoció la casi imposibilidad de dejar Guantánamo, destacando que “es un lugar del cual es difícil de salir”. Esto es precisamente la razón por la cual múltiples administraciones han, una y otra vez, escogido el lugar para detener y encarcelar gente sin cargos ni juicio. Como advirtió Naureen Shah de ACLU recientemente, “la historia sugiere que un movimiento así puede habilitar al gobierno a cometer abusos de derechos humanos e infringir negligencia seria sobre las personas detenidas ahí, lejos de abogados, medios y supervisión del congreso.

Más allá de la resurgencia de la retórica discriminatoria y deshumanizante, organizaciones de derechos están levantando la alerta sobre potenciales violaciones legales y de derechos humanos en el famoso campo. Una de las preocupaciones más inmediatas en la ausencia de una estrategia de salida — un asunto que ha plagado Guantánamo desde que se estableciera en el 2002. La prisión fue creada sin un plan claro para lo que sucedería con los cientos de individuos detenidos ahí. En vista de, existe poca supervisión y cobertura mediática en los trabajos internos de Guantánamo, los miedos reales de que violaciones de derechos ocurran nuevamente, específicamente tortura. Una fuente familiar con los planes de la administración de Trump en relación a Guantánamo, le dijo a CNN que “preguntas como cuánto tiempo podrán ser detenidos legalmente los migrantes ahí y cuáles son sus derechos mientras estén encarcelados, siguen sin respuesta. Tampoco está claro si los migrantes tendrán acceso a servicios legales o sociales mientras se encuentren detenidos en la base”.

Durante la “Guerra contra el terror”, casi 800 jóvenes y hombres musulmanes fueron encarcelados en Guantánamo y etiquetados como “enemigos combatientes”. El gobierno de Bush argumentó que estos individuos no tienen derecho a protecciones bajo las Convenciones de Ginebra, particularmente en relación a su detención y trato.

En un es fuerzo para asegurar condenas legales, el gobierno creó un completo sistema de tribunales específicamente para enjuiciar detenidos en Guantánamo. Como la Iniciativa Puente (The Bridge Initiative) ha destacado previamente, el sistema de comisiones militares establecido para los prisioneros en Guantánamo “carece de las muchas protecciones legales y derechos que provee el sistema federal de tribunales, incluyendo juicio con jurado, protección de auto incriminación, protección de testimonio coerzo, el derecho a un juicio rápido y la prohibición de evidencia de rumores”. Adicionalmente, las disputas de largo tiempo persisten sobre qué evidencia debe ser considerada inadmisible debido a su conexión con la tortura.

Los juicios de comisiones militares también han sido ampliamente criticados por organizaciones como Human Rights Watch y miembros de la American Bar Association. Más de dos décadas después, únicamente siete individuos en Guantánamo han sido condenados— cinco de los cuales se declararon culpables en acuerdos negociados a cambio de la posibilidad de liberación. Esto significa que, de 780 individuos encarcelados ahí, el 99.1% jamás han sido condenados por un crimen.

La prisión militar en Guantánamo, descrita por el periodista Jonathan M. Katz como “símbolo mítico del poder sin ley de los Estados Unidos” también está ligada intrínsecamente a la islamofobia. La prevalencia y normalización del racismo anti musulmán a principios del S.XXI dio justificación para la creación del centro post 11/9. El gobierno describió a los jóvenes y hombres musulmanes como “extremistas”, “terroristas” e individuos altamente peligrosos cuya “musulmanés” era la fuente de su peligro. Como escribió la Dra. Maha Hilal a principios del año, “el uno de metáforas animalísticas y narrativas demoniacas en los primeros días de Guantánamo fue crítico para construir una imagen del enemigo musulmán que continúa a proveer la racional para poner a un lado las normas legales y dejar a estos hombres fuera de la ley”.

Actualmente 15 hombres musulmanes permanecen encarcelados en Guantánamo a pesar de los repetidos llamados de grupos de derechos humanos y expertos de la ONU. Como CAGE International, un grupo de derechos humanos que ha representado legalmente a varios individuos encarcelados en Guantánamo declarara, “¡la permisión e impunidad de los abusos de EE.UU. en la guerra contra el terror ha creado el camino para que Trump ahora expanda en lugar de abolir Guantánamo!”

La decisión del presidente Trump de enviar migrantes a la base de Cuba no es sin precedente alguno. En los 90s, bajo el Fiscal General William Barr (que después fue parte de la primera administración de Trump), el gobierno de George H.W. Bush envió refugiados haitianos a Guantánamo que escapaban del coup d’état. En su pico, el campo detuvo alrededor de 12,000 refugiados. Harold Hongju Koh, profesor de derecho de la Universidad de Yale y ex oficial senior del Departamento de Estado encabezó un grupo de estudiantes de Yale y abogados de derechos humanos en retar la detención de haitianos, ultimadamente asegurando la liberación de alrededor de 250 personas en los Estados Unidos. Ahora que el presidente Trump se mueve para reestablecer el centro de detención inmigrante en Guantánamo, Koh ha llamado “demente” a la iniciativa, enfatizando que “este debe ser un patrón consistente una y otra vez. Los legisladores de mente corta piensan que encontraron la solución y han terminado con crear un problema del cual no existe una estrategia de salida. Eso es exactamente lo que están haciendo otra vez”.

Para los ex detenidos de Guantánamo, la decisión de Trump de establecer un campo de detención de migrantes en la base reabre viejas heridas. En una reflexión reflection personal para el Guardian, Mansoor Adayfi, quien estuvo encarcelado sin cargos ni juicio por 14 años, describió la movida de Trump como “un doloroso recordatorio de la historia obscura del campo – una historia marcada por tortura, detención indefinida y deshumanización sistemática”. Explicó que el gobierno estadounidense justificó la detención de casi 800 jóvenes y hombres musulmanes representándolos como “terroristas peligrosos”, una narrativa que permitió su encarcelamiento sin cargos ni juicio. Adayfi advierte que hoy “una narrativa similar está siendo construida” mientras “la retórica de Trump de etiquetar a los inmigrantes indocumentados como “los peores criminales extranjeros ilegales” es una táctica deliberada y deshumanizante que abre la puerta a más abusos bajo el disfraz de seguridad nacional”.

Veintitrés años después, la misma narrativa deshumanizante y peligrosa de “los peores de lo peor” ha resurgido. Veintitrés años después, el mismo espectáculo perturbador de oficiales estadounidenses esposando y encadenando a individuos en aviones se despliega una vez más. Veintitrés años después, los overoles naranjas han sido sustituidos por pants grises.

Un recordatorio inquietante de que Guantánamo, un lugar de violaciones atroces de derechos humanos y un hoyo negro legal — sigue siendo una herramienta para que los líderes que no respetan la ley doméstica y los derechos humanos internacionales en su búsqueda de poder, división y control.


 

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